Lamborghini Diablo
El término Lamborghini está íntimamente
unido al de los coches clásicos por un cuidado diseño
y por una muy especial configuración de sus formas
que los vuelven únicos y fácilmente identificables.
Dentro de esa marca, el modelo Lamborghini Diablo es uno de
los más sofisticados y complejos. Apodados por algunos
periodistas especializados como la “Bestia Diabólica”,
este modelo de Lamborghini cuenta con una serie de novedosas
y muy cuidadas particularidades.
La característica más notoria del Lamborghini
Diablo es la de concentrar todo en su parte trasera; de
hecho, a simple vista, se aprecia un morro muy pequeño,
casi diminuto y, en contrapartida, un espaciosa zaga. A
diferencia de su eterno rival, el F40, el Lamborghini Diablo
es un llamado “coche de calle”, especialmente
diseñado para transitar por rutas y carreteras y
no por circuitos deportivos o de competición. Eso
no significa que no pueda ser empleado en algún circuito
de carreras. Los especialistas suelen comparar el diseño
anterior – concretamente la zona de los mandos y el
espacio del conductor – con las características
del Porsche 962. al coger el volante del Lamborghini Diablo
se tiene la sensación de que uno está al principio
mismo del coche y que toda la estructura comienza a partir
de donde estás sentado. El carácter gigantesco
de las ruedas, hace que los pedales esté dispuestos
casi superpuestos.
La aceleración se logra a través del pedal
correspondiente, que es el responsable de propulsar los
seis (6) litros que tiene de cilindrada, con sus doce (12)
cilindros, que las marchas cambien casi sin darnos cuenta
y alcanzar, en cuestión de segundos, velocidades
superiores a los doscientos (200) kilómetros por
hora. Si el pedal acelerador es presionado de golpe, a una
velocidad de 220 kilómetros por hora, el conductor
se siente expulsado hacia delante y percibe la inquietante
sensación de ser empujado por el coche.
Pese a estas características, el Lamborghini Diablo
permite un control de la velocidad y un comportamiento sobre
la ruta muy manejable y evita – lo que en un principio
se creyó que no lograría – concentrar
demasiado peso en el tren delantero (lo que constituye todo
un problema en otros modelos de coches parecidos). La comodidad
del interior se evidencia en cada uno de los detalles que
la componen. Uno de los detalles más notorios es
la posibilidad de graduar la altura del cuadro de mando
a la distancia del conductor. |